Reflexiones

La Parábola de los Dos Hijos (Mt 21, 28-32)

         (Domingo XXVI del Tiempo Común)

En este último Domingo del mes de Septiembre la iglesia pone al centro de su oración a nuestra patria, “Oración por Chile”, en ella se pide por todas las personas que hemos nacido en esta tierra y los que han llegado de otros lugares buscando nuevos y mejores rumbos para sus vidas, sabemos producto de esta pandemia en que nos encontramos, no se pueden realizar como años anteriores actos masivos, pero si la intención es que en esta celebración recemos unidos por nuestra querida patria chilena.

Hoy Jesús nuevamente nos presenta una parábola, su forma de enseñar tomando los ejemplos de la vida diaria, partiendo de lo cotidiano para elevarlo  y entregarlo como una  enseñanza que no deja indiferente a nadie. Propone que los oyentes respondan a esta parábola no como una respuesta planificada con anterioridad, sino desde su propia existencia, por tanto, la respuesta a esta parábola dará a conocer parte de la vida de cada uno de los oyentes, sus opciones y coherencia de vida.

Como en domingos anteriores aparece la imagen de la viña que tiene relación con el mundo, los espacios en donde desarrollamos nuestra vida: lugares de trabajo, estudios, la vida familiar, los amigos, es decir, la viña que nos hace mirar toda nuestra existencia. Aparece el dueño de la viña, que es la persona misma de Jesús, es el Señor, quién invita a estos dos hijos a trabajar a su viña y con ellos  a cada uno de nosotros.

La parábola da cuenta de las respuestas de estos dos hijos, el Padre le dice al primero hoy tienes que ir a trabajar a la viña, él le dijo; “No quiero. Pero después se arrepintió y fue”, y luego le dice lo mismo al otro hijo  y el responde; “Ya voy, señor. Pero no fue” 

Jesús nos propone en esta parábola mirar nuestra coherencia de la fe con nuestra vida, la Fe es una misión, siempre es bueno para seguir acrecentando este hermoso Don recibido por el Señor hacer discernimiento para reflexionar como estamos viviendo nuestra vida de fe, es claro que la Fe debe alimentarse con la eucaristía dominical, oración permanente, sacramento de la penitencia, lectura de la palabra , todo muy importante y clave, lo que debemos mantener atención es a no caer en una rutina que nos haga desencantarnos de lo que hacemos, sino al contrario, volver a encantarnos con  nuestra Fe, tratando siempre de unir la fe con la vida, que en el fondo significa que todos los espacios de nuestra existencia son siempre una nueva posibilidad de vivir nuestra coherencia cristiana.

Pidamos la gracia al Señor de vivir esta coherencia de unir la fe con la vida. Sigamos rezando unos por otros.

Con esperanza

P. Cristian Avendaño Becerra

Capellán Colegio Integrado de Talca

  


Novena del Carmen