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Novena al Espíritu Santo Octavo Día

29 de Mayo de 2020


¡Ven, Espíritu  de la Unidad!

“Porque también todos nosotros hemos sido bautizado en un mismo Espíritu, para constituir un solo cuerpo, y todos, judíos y gentiles, siervos y libres, hemos bebido del mismo Espíritu” (1 Cor 12,13)

Consideración

El pecado rompe la unidad. No es solo una ruptura de uno con Dios, sino también consigo mismo y con los demás. Después del primer pecado, el hombre se quiebra interiormente, se siente desnudo, inseguro, huye y se esconde. Comienza una interminable cadena de rupturas. Es el comienzo de la dispersión de Babel.

Pentecostés es la contrapartida de Babel: los hijos de Dios, esparcidos a los cuatro vientos, son congregados para constituir un solo cuerpo.

La oración de Jesús es escuchada: “Padre, que sean uno como Tú y yo somos uno”. Es el Espíritu quien obra esta maravilla, realizando el anhelo del Hijo, el Cristo de la unidad, que por su Sangre quiso restaurar todos los vínculos rotos.

Reflexión

¿Cuántas veces experimentas el dolor de la desunión, del desentendimiento, del conflicto, incluso con los seres queridos? ¿No ansía tu corazón desde lo más profundo vivir en paz y en la unidad? ¿Cuántas veces eres tú mismo signo de desunión, olvidándote del encargo del Señor? ¿Cómo puedes vencer el germen de desunión sin la fuerza amorosa del Espíritu?

Súplica

Padre de bondad:

Ayúdanos a vivir como hermanas, unidos y en paz. Solos, no somos capaces de lograrlo.

Tú depositaste en el fondo de nuestros corazones ese anhelo. Envía tu Espíritu Santo como Espíritu de concordia, de unidad y armonía. Así, todos los hombres reconocerán tu presencia entre nosotros, descubriendo la huella de Cristo. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén

Novena del Espíritu Santo Séptimo Día

28 de Mayo de 2020


¡Ven, Espíritu de Santidad!

“…pero han sido lavados, han sido santificados, han sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios”.  (1 Cor 6,11)

Consideraciones

La Obra del Salvador aún está incompleta; las puertas del cielo han sido abiertas de una vez para siempre, pero es preciso entrar y eso requiere participación personal, santidad.

El Espíritu irrumpe en el mundo para completar la Obra del Verbo encarnado: para perdonar y revelar la verdad haciéndola vida.  La sangre redentora debe caer gota a gota en cada uno de sus hijos.  La vida debe surgir, tomar forma y dar fruto abundante.  El rostro del Unigénito ha de manifestarse en cada miembro de su Cuerpo; debe impregnar la historia de la humanidad. Es el Espíritu de Dios quien obra en todos, justificando, santificando y dando, con sus dones, la fecundidad.

Reflexión

¿No has sentido ansias de ser santificado, de vivir una nueva vida en la luz de Dios? ¿No anhelas experimentar verdadera fecundidad, encontrándole sentido a todo lo que haces y palpando que tu afán no es inútil, sino que te proyecta hacia una vida feliz, que no tiene término? ¿No sientes que tu lucha por la santidad es áspera y difícil, si no tienes una fuerza superior que te impulse en cada circunstancia?

Súplica

Padre misericordioso:

Por tu Espíritu viniste a habitar en María, haciéndola tu morada. En ella diste un cuerpo a Cristo para ser el Templo nuevo y definitivo de tus adoradores. ¿Ven a morar también en nosotros por tu Espíritu para que nuestros cuerpos sean santuarios vivos, santificados por tu presencia!

Te lo pedimos por Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén

Novena al Espíritu Santo Sexto Día

27 de Mayo de 2020


¡Ven, Fuego Santo de Dios!

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estado todos juntos en un lugar, se produjo de repente un ruido como de viento impetuoso, que invadió toda la casa en la que residían.  Aparecieron, como divididas, lenguas de fuego, que se posaron sobre cada uno de ellos, quedando todos llenos del Espíritu Santo”. (Hch 2,1-4)

“…el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por virtud del Espíritu Santo, que nos ha sido dado”. (Rom 5,5)

Consideración

Los discípulos estaban reunidos en torno a María, Madre de Jesús, unánimes y orantes. Ella los había congregado en una comunidad cálida e íntima y les había comunicado su propio espíritu de oración anhelante.  Sus corazones estaban, ahora, dispuestos para recibir el fuego de Dios.

El Espíritu Santo irrumpió irresistible: purificó, iluminó, encendió los corazones con su propio fuego de amor.  La pequeña Iglesia naciente ya posee para siempre su Alma, su principio animador, su fuente de vitalidad y santidad. Ellos quedaron llenos de alegría y fuerza; se había encendido el fuego del amor eterno en sus corazones.

Reflexión

¿No has anhelado sentirte purificado; liberarte de todas tus miserias? ¿Cuántas veces no has querido romper los límites de tu egoísmo y amar con un amor inmenso y profundo, que nunca defraude y se extinga? ¿No has sentido la necesidad de sentirte inundado de la alegría profunda del amor?

Súplica

Padre bueno: Tú preparaste a los Apóstoles para recibir al Espíritu Santo.  Ellos estaban dispersos y temerosos; Tú los reuniste en torno a María en el Cenáculo y Ella los dispuso interiormente.  Te agradecemos porque también a nosotros nos congregas en torno a María para implorar la venida del Espíritu. Escucha, Padre, la súplica que junto con Ella te dirigimos: envíanos tu fuego santo para purificar y robustecer nuestro débil amor. Envía Señor, tu espíritu y se renovará la faz de la tierra. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén

Novena al Espíritu Santo Quinto Día

26 de Mayo de 2020


¡Ven Testigo de Cristo!

 “Cuando venga el Paráclito, que enviaré desde el Padre, el Espíritu de verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí y también ustedes darán testimonio de mí”. (Jn  15,26-27)

Consideración

La experiencia de Cristo era demasiado abrumadora para los sencillos pescadores de Galilea.  Les era imposible formarse una idea clara sobre Él.  Será el Espíritu Santo quien les dará a conocer “la verdad plena”, esto es: el que les mostrará a Cristo como el don de amor del Padre, el rostro de su misericordia, manifestación absoluta de Dios que es Amor.  Él les permitirá así penetrar el misterio de la cruz y del perdón, a la luz del amor infinito.  La experiencia interior del amor de Dos despertará también en ellos el amor. Solo entonces, después de esa experiencia, podrán ser testigos.

Reflexión

 ¿Cuántas veces has dudado del amor misericordioso de Dios? ¿Cuántas veces el contacto con los dolores y tragedias de la vida te han llevado a imaginar a un Dios duro y cruel, un juez lejano e implacable? ¿No ansías tener una experiencia íntima y vivencial del amor personal que Dios te tiene?

Súplica

Padre misericordioso: Envía tu Espíritu a nuestro corazón para que dé testimonio del infinito amor tuyo, que se manifestó en Cristo. Sí, Padre, haznos comprender, por el Espíritu, que tanto amaste al mundo que nos diste a tu Unigénito como don perfecto y testimonio vivo y eterno.  Solo entonces, al experimentar íntimamente tu amor, se encenderá en nosotros el fuego del  verdadero amor y seremos testigos y anunciadores de tu misericordia.

Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén

Novena al Espíritu Santo Cuarto Día

25 de Mayo de 2020


¡Ven, Espíritu de Verdad!

 “Pero el Abogado, el Espíritu Santo, que enviará mi Padre en mi nombre, será quien les enseñe todo y les vaya recordando todo lo que les he dicho”.

Consideración      

La tarea es ardua: tienen que ir a enseñar a todos los hombres lo que les enseñó el Señor Jesús.  Ellos son  ignorantes; las ideas se les confunden y olvidan. ¡Definitivamente, no son capaces!

El Señor no quiere dejarlos caer en el desánimo ni en la angustia.  No importa que les olviden las cosas y que les confundan las ideas; no importa que no sepan aplicar bien las verdades a la vida; Él les enviará el Espíritu de Verdad que les recordará todo y los iluminará.  Serán sabios, pero con la sabiduría que viene de lo alto.

Reflexión

¿No te sientes muchas veces confundido, sin saber qué pensar, cómo optar? ¿No experimentas a menudo la oscuridad, tratando de descubrir el sentido de los acontecimientos, pero en vano?

Súplica

Padre misericordioso:

¡Necesitamos tanto de tu luz!, sin ella somos ciegos y andamos por la vida a tientas; no sabemos llevar a la práctica las enseñanzas de Cristo.

Envía por eso, Padre, tu Espíritu de luz y verdad; entonces te descubriremos, silencioso y lleno de amor, detrás de cada suceso y te amaremos más y más.

Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.