Novena al Espíritu Santo (P. Jaime Fernández)

Novena al Espíritu Santo (P. Jaime Fernández)

22 de Mayo de 2020


Introducción

El Señor Jesús no solo nos reveló el rostro del Padre, sino también al Espíritu Santo.

La revelación del Espíritu Santo la hizo forma singular: despertó el anhelo de recibirlo.  Hizo que sus discípulos tomaran conciencia de sus miserias y les prometió el Espíritu como una respuesta a esas necesidades existenciales hechas experimentalmente conscientes.

Esta novena tiene como finalidad acrecentar el anhelo por el Espíritu Santo y disponernos, según la promesa, para recibirlo.

Oración inicial

(Se reza todos los días al comenzar)

Querida Madre y Reina:

Como los Apóstoles se reunieron en torno tuyo para esperar al Espíritu Santo, así queremos también nosotros acogernos a ti para invocarlo.

Tu súplica anhelante, Madre virginal, atrajo al Espíritu en el Cenáculo de Jerusalén, porque Él desciende allí donde los corazones están dispuestos y anhelantes.  Renueva hoy tu súplica e invoca al Espíritu de Dios para nosotros. Tú, Madre querida, dispusiste sus corazones, abriéndolos receptivos para su venida Ellos se unieron en torno tuyo, haciéndose un solo corazón y una sola alma.

Tú elevaste su espíritu, comunicándoles tu actitud virginal de oración.

Dispón también nuestros corazones para que el Espíritu pueda irrumpir con fuerza y habitar en nosotros.

En actitud de Cenáculo y unidos a tu oración, esperamos su venida.

Madre, aguarda tú con nosotros.  Amén

PRIMER DÍA

¡VEN, FUERZA DE DIOS!

“Ustedes darán testimonio de esto. Pues Yo les envío la Promesa de mi Padre; pero han de permanecer en la ciudad hasta que reciban la fuerza que viene de lo alto”. (Lc 24,48-49)

Consideración

Los Apóstoles se sienten débiles; están perplejos y acobardados, han sido puestos ante una gran tarea y ellos han experimentado hasta la saciedad sus limitaciones. Deben amar como los amó Jesús; deben ir a predicar hasta el confín de la tierra, bautizar y enseñar…y son unos pescadores ignorantes. El mismo Pedro ya negó al Señor tres veces. La realización de la misión que Él les dejó aparece como un imposible.

¡No son capaces!

El Señor Jesús conoce su realidad y responde a la inquietud de sus corazones prometiéndoles una fuerza que viene de lo alto, deel mismo Dios, una fuerza que supera todas las miserias humanas.

¡Con ella serán capaces!

Reflexión Personal

¿No experimentas tú también a diario tu debilidad? ¿No sueles sentirte muchas veces aplastado por los límites de tu propia naturaleza? ¿No has sentido el vértigo del abismo de la miseria humana? ¿No te sientes urgido por una tarea y una responsabilidad que te exceden?

Súplica

Padre misericordioso:

Mira con bondad nuestra pequeñez; no nos apartes de ti por causa de nuestra miseria, muchas veces culpable. Recuerda la promesa de Jesús y escucha la súplica de nuestra Madre: envíanos la fuerza que viene de lo alto, para que, seguros en tu poder misericordioso y liberados de toda mediocridad, seamos testigos de Cristo tu Hijo y Señor nuestro.

Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

Pastoral CIT

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