La Esperanza

La Esperanza

20 de Marzo de 2020


¿Cuál es la fuente de la esperanza cristiana?

En un tiempo donde nos cuesta encontrar razones para esperar, aquellos que depositan su confianza en el Dios de la Biblia tienen más que nunca el deber de justificar su esperanza delante de aquellos que les piden cuentas (1 Pedro 3, 15). En ellos está el querer captar aquello que la esperanza de la fe tiene de específico para poder vivir.

Si Dios es bueno y si no cambia nunca su actitud ni nos abandona jamás, entonces, sean cuales sean las dificultades – si el mundo tal y como lo vemos está tan lejos de la justicia, de la paz, de la solidaridad y de la compasión- para los creyentes esta no es una situación definitiva. En su fe en Dios, los creyentes empujan la espera de un mundo según la voluntad de Dios o, dicho de otro modo, según su amor.

¿Cómo vivir de la esperanza cristiana?

La esperanza bíblica y cristiana no significa una vida en las nubes, el sueño de un mundo mejor. Ella no es una proyección de aquello que quisiéramos ser o hacer. Ella nos lleva a ver las semillas de este nuevo mundo ya presente hoy en día, a causa de la identidad de nuestro Dios, a causa de la vida, de la muerte y resurrección de Jesucristo. Esta esperanza es incluso una fuente de energía para vivir de otra manera, para no seguir los valores de una sociedad fundada sobre el deseo de posesión y competición.

La buena noticia de la resurrección no es un modo de eludir las tareas de aquí abajo, sino más bien una llamada a ponernos en camino. «¿Galileos qué hacéis ahí mirando al cielo?…Id por el mundo entero, proclamad el Evangelio a todas las criaturas… Vosotros seréis mis testigos… hasta los confines de la tierra» (Hechos 1,11 ; Marcos 16,15 ; Hechos 1,8).

Esperar, es primeramente descubrir en las profundidades de nuestros días una Vida que continua y que no puede parar. Acoger esta Vida incluso con un sí de todo nuestro ser. Y lanzándonos en esta Vida, somos conducidos a poner, aquí y ahora, en medio de los azares de nuestra vida en sociedad, signos de un porvenir distinto, semillas de un nuevo mundo que, a su momento traerán su fruto.

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