Reflexión en Tiempo Pascual (Lucas 24,13-48)

Reflexión en Tiempo Pascual (Lucas 24,13-48)

16 de Abril de 2020


Esta semana estamos viviendo una prolongación del domingo de Pascua, y la Palabra de Dios nos centra en las experiencias que los discípulos tienen con el Cristo resucitado.  Ayer y hoy hemos leído el hermoso texto de los discípulos de Emaús, un texto lleno de signos de la presencia del Resucitado, que se dan en el peor momento de la vida de esa comunidad.  El Maestro había muerto, todo había acabado en la cruz, las esperanzas se habían frustrado, al grupo le inundaba la tristeza y también el desconcierto.  Dos discípulos deciden dejar la comunidad y regresar a su vida anterior, se ponen en camino a un pueblito llamado Emaús. A pesar de que han dejado todo atrás, siguen conversando de lo que había pasado con Jesús, la tristeza los inunda. Es en medio de la desolación absoluta, en el sin sentido de sus vidas, que un desconocido se pone a caminar con ellos,  y les pregunta sobre lo que conversan; esta sola pregunta hace que  salga afuera toda su frustración, su pena, su decepción. Después de escucharlos Jesús,  les interpreta todo lo que las Escrituras decían del Mesías y cómo todo se había cumplido en Él. Sin tener aún la capacidad para reconocer que el que caminaba con ellos era Jesús, el Maestro, sienten que sus corazones comienzan a arder. “Era necesaria una “mirada” especial para reconocer al Resucitado. Su fe solo alcanzaba a ver en Jesús a un profeta de Dios”. Jesús entra para quedarse con ellos, y ahí viene el gran signo que terminará por quitar el velo que impedía a los discípulos reconocer al Señor Resucitado, Jesús toma, bendice y parte el pan y sus ojos se abrieron, pero él desapareció. Solo con los ojos de la fe podemos ver al Resucitado.  La tristeza, se convierte en gozo, los dos discípulos vuelven a la comunidad porque tienen que anunciar a los otros que han visto al Resucitado.  Luego el Señor se aparece a toda la comunidad de discípulos y ellos hacen la experiencia de verlo y de comprobar que es el mismo Jesús que vivió y caminó con ellos el mismo que hoy se presenta ante ellos Resucitado.  Es este testimonio el que nos ha llegado hasta nosotros hoy, el de aquellos testigos oculares.  En cada Eucaristía “al romper el pan”, el encuentro con el resucitado se hace posible, pero solo si nos abrimos a la fe y lo acogemos como nuestro Dios y Señor.  Cada uno está llamado a tener una experiencia personal con el Señor, solo se puede ver al Resucitado si nuestro corazón se abre a él y a su Palabra.

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